miércoles, 18 de enero de 2017

Tengo un dragón en la tripa de Beatriz Berrocal Pérez


- Título: Tengo un dragón en la tripa.
- Autor: Beatriz Berrocal Pérez e ilustrado por Lucía Serrano.
- Edad recomendada: De 6 en adelante. Especialmente interesante entre los 6 y 10 años.
- Puedes encontrarlo en: Santos Ochoa | Everest.
- Precio orientativo: 7,75€.
- ¿Por qué quiero que mi hijo lo lea?: Representa de una manera muy gráfica y sencilla la ansiedad. Enseña a afrontar la vergüenza y el miedo a hablar en público.
- ¿Por qué querrá leerlo tu hijo?: Es una historia divertida, escrita en verso, lo que le encantará. La autora consigue la complicidad de los chicos y su empatía.
Se está preparando una función de teatro en el colegio y nuestro pequeño protagonista tiene miedo a hablar en público. Piensa que tiene un dragón en la tripa que le va dando bocados, y le roba la memoria, por eso no se acuerda de la frase que tiene que decir cuando le pregunten: “Dime, estrella fulgurante, ¿sabes dónde está la luna?, ¿cómo conseguirá vencer a tan terrible dragón?

Así nos resumen Beatriz Berrocal el argumento de Tengo un dragón en la tripa. La historia usa como excusa el miedo escénico para ayudar a retratar los miedos y la ansiedad en los más peques. Todos tenemos miedos, tanto los niños como los adultos, solo que se trata de miedos muy diferentes y eso, a veces, nos hace perder la empatía con ellos en su inseguridad, falta de confianza o ansiedad que esos miedos les producen. Claro que sabemos que no hay un monstruo pero ellos lo sienten así y podemos ayudarles utilizando para ello la imaginación.

Para nuestros chicos el libro aporta una útil herramienta para afrontar la ansiedad y el miedo que les produce hablar en público. Rápidamente asocian lo que describe el protagonista con lo que ellos mismos sienten. Aprovechamos algunos momentos para preguntarles en que momentos sienten ellos a su propio dragón y que soluciones plantearían para quitarle la fuerza y hacerle dormir para siempre.

Normalizar el miedo es una de esas cosas que solemos olvidar los mayores por esa falta de empatía que comentábamos antes, por eso, libros como éste, ayudan a ese proceso. Los niños asumen que esos miedos son parte de ellos y simplemente deben tratar de controlarlos para que no sean más fuertes que ellos.

¿Cómo trabajar el libro?
Tras hablar de su miedo a hablar en público, los chicos estuvieron hablando sobre sus propios miedos y compartieron soluciones. Todos compartían ese miedo a hablar en público así que, Cristián sugirió que exitía una opción de intentarlo... ¡Nooooo! Ninguno quiso pero entendieron que era muy importante para todos. Así que, para mayo tienen prevista una pequeña obra de teatro. Ahora falta elegir la obra, vestuario, guión, personajes... pero, sobretodo, cargar la mochila de estrategias para poder dormir al dragón que todos llevamos dentro.


Si quieres ver más reseñas realizadas por Educar sin varita mágica pincha aquí.

miércoles, 11 de enero de 2017

No somos perfectos.. menos mal! #soy_imperfecto

¡No somos perfectos! Los humanos somos seres capaces de cometer fallos a menudo, incluso repetirlos hasta la saciedad. Tratamos de corregirlos pero somos tozudos, nos cuesta aprender. Séneca afirmaba que hace falta toda una vida para aprender a vivir y es indudable que así es. Somos increíbles, complejos e imperfectos. 

A priori esto puede resultar una obviedad. Somos conscientes de nuestras limitaciones y a menudo aún tenemos más facilidad en ver las del resto. Lo curioso es que si todos somos así y lo sabemos ¿por qué aparentamos ser perfectos?, ¿a quién queremos engañar?

Es fácil acusar a la publicidad, a los medios o a nuestros propios complejos. Quizá todos tengan parte de culpa en ello pero, en esta ocasión, nos vamos a centrar en otro de los puntos claves de esta farsa: nuestros educadores, nuestros modelos.
          - Papá, mamá, ¿cómo se forma el arco iris?
          - ¿Me ayudas a hacer una raíz cuadrada?
          - ¿Qué sucede cuando morimos?

Con estas y muchas otras preguntas nuestros hijos nos suelen descolocar y es común ofrecer respuestas vagas del tipo "No es el momento", "Ya te lo explicarán en clase" o cambiar de tema. A menudo les culpamos de nuestros fallos "Si no estuvieras revoloteando a mi alrededor no se me habría caído", "Llegamos tarde por tu culpa". No asumimos nuestra limitaciones o nuestros errores ante nuestros hijos y, así, les enseñamos a ocultar sus carencias. A mentir. A temer el desconocimiento o los fallos. Somos sus modelos y, como hacemos con tantas otras cosas, tenemos que enseñarles que no sabemos todo, nadie lo hace. Nos equivocamos con una enorme frecuencia. Es así y es normal. A ellos les va a pasar lo mismo y no es un problema.

"La verdad es que no lo sé pero, ¿qué te parece si lo buscamos?", "¡Qué buena pregunta!, nunca me lo había planteado. ¿Te parece que se lo preguntemos a alguien a ver si lo sabe?". Nuestros hijos merecen saber que no somos superhéroes sino personas preciosamente imperfectas, como ellos mismos lo son. De esta forma les permitiremos cambiar los miedos por la inquietud, los complejos por las ganas de aprender. 

#soy_imperfecto

Más información
. Os sugerimos un vídeo que muestra, con la perspectiva de la edad, como ven un grupo de mujeres la búsqueda de la perfección a lo largo de su vida y como debemos relajarnos y aprender a disfrutar la vida. Quitarnos la presión de ser la madre perfecta, el padre perfecto, la pareja perfecta... somos lo que somos y debemos asumirlo y buscar nuestra mejor versión, esa que aprende y disfruta del aprendizaje (versión original).

martes, 20 de diciembre de 2016

¿Cómo hago en Navidad para..? | Consejos para padres


¿Sabrá mi hijo quiénes son los Reyes Magos?, ¿cómo hago para que no se entere?, ¿cuál es la edad normal para qué lo sepan?, ¿tendría que contárselo yo antes de que me tome por mentiroso?, ¿cómo sé si mi hijo lo sabe ya?, ¿cómo se siente mi hijo ahora que lo sabe?, ¿por qué se pone tan nervioso cuando llega Papá Noel si sabe que es la tía Ana o no duerme en toda la noche si asegura que no cree?

Estábamos en el recreo cuando Paula se acercó a mi amiga Marina y a mí y nos confesó el secreto. Si chicas, me he enterado, los reyes son xxx xxxxxx. Recuerdo esas cinco palabras como cinco espadas clavadas en mi corazón. En ese momento aparecieron en mi cabeza muchos pensamientos. "Es imposible, ellos nunca me comprarían tantas cosas". "No puede ser verdad, no se han podido gastar tantísimo dinero". "Es algo tan maravilloso que no puede ser mentira". "Yo les he visto, incluso les he tocado y hablado con ellos". "Mi prima me dijo una vez que vio a Baltasar dejando un regalo, a partir de aquel día no fue capaz de dormir cada noche de Reyes".

Una vez asumida la noticia por mi mente pasaron ideas diferentes: "Mis padres no pueden enterarse de que pienso esto, sino se pondrán muy tristes". "Si yo les cuento que lo sé, se terminará mi ilusión, no podré sonreír ni desear que vengan los Reyes". "Yo quiero otra Navidad igual, si cuento algo todo cambiará...". Y así en completo silencio pasaron dos años, hasta que mi hermano pequeño lo confesó.

Esta es nuestra historia. Seguro que la tuya es diferente, ¿o no tanto? De igual forma nuestras dudas como padres no son tan distintas. Vamos a intentar resolver algunas de las preguntas que más nos han hecho acerca de este tema a lo largo de los años. Esperamos os sirvan:


1. ¿Sabrá mi hijo quienes son los Reyes Magos? 
Sea como sea, ilusiónate junto a él. Permítele que sonría, que sueñe, que se divierta, que siga creyendo en las historias y en los cuentos. Todos necesitamos soñar. Incluso muchos adultos estos días fingimos ser sordos, ciegos e inocentes. Nos ponemos nerviosos cuando llegan los Reyes en la cabalgata, nos emocionamos dejándoles antes de dormir un poquito de comer o la zapatilla justo al lado del sofá dónde dejarán mis regalos. No importa tanto la edad sino la ilusión, el dejarse llevar. Y los niños como nosotros, lo necesitan. Introdúcete en la Navidad cómo te pida el cuerpo, es posible que tu hijo te siga, sino, déjale crear su camino, su propio misterio. Tal vez se enfade porque le hablas de los Reyes y el ya no cree, no le discutas, trasmítele que cada uno vive estos días como prefiere. Puede que se muestre triste porque le encantaría creer pero ya no puede. Enséñale las luces, inclúyele en tus tareas o rituales navideños, quizá necesite ver esta Navidad desde otro prisma.

2. ¿Cómo hago para que no se entere? 
No hagas nada, la naturaleza manda y le tocará el momento. Totalmente comprensible tu miedo a que sea ya y el deseo porque sea lo más tarde posible. Haz algo mucho más inteligente que preocuparte, ocúpate en que sea mágico, que haya ilusión, en divertiros muchísimo, en compartir escapadas, exposiciones y eventos. Disfruta y seguro que sigue soñando mucho tiempo.

3. ¿Cuál es la edad normal para que lo sepan? 
No hay edad ni momento oportuno. Las estadísticas apuntan que es alrededor de tercero de primaria, por su desarrollo madurativo, pero cada niño, cada cabeza y cada circunstancia cambia. Lo que está claro es que si no hubiera aparecido mi amiga Paula, otro o yo misma hubiera descubierto la verdad.

4. ¿Tendría que contárselo yo antes de que me tome por mentiroso? 
No conocemos ningún padre en la cárcel por fingir ser Rey Mago, ni siquiera nunca he conocido un niño que acuse de mentiroso a su padre por dicha sentencia. Eso sí, es posible que en el momento que tu hijo se enteré, se enfade, te lo reproche, te haga sentir cruel y despiadado. Pero no te engañes, está frustrado y con razón. Hasta hoy había magia y acaba de desaparecer. Aceptar que la magia puede seguir, pero de otra manera, surgirá poco a poco.

5. ¿Cómo sé si mi hijo lo sabe? 
Hay niños que espían, otros que se enfadan, algunos preguntan mucho o se hacen los despistados. De la forma que sea siempre actúan y por su corta edad lo suelen hacer con bastante torpeza. Interpretan papeles para que no les descubras hasta el punto de creérselo.

6. ¿Cómo se siente mi hijo ahora que lo sabe? 
Posiblemente sienta tristeza, enfado, rabia, se muestre frustrado, insultado por el mundo, desconfiado, deseoso por continuar ilusionándose pero serán emociones que duren poco. Duran horas o pocos días. La mayoría de los niños lo procesan con gran velocidad. Cuando lo descubren suelen tener la edad suficiente para que su cerebro se encuentre en una encrucijada. Por una parte quieren creer pero hace tiempo que saben que la magia no existe y claro, esto es magia. Así que de forma natural, su cerebro reestructurará sus pensamientos y no les permitirá sentirse defraudados durante mucho tiempo.

7. ¿Por qué se pone tan nervioso cuando llega Papá Noel si sabe que es la tía Ana o no duerme en toda la noche si asegura que no cree? 
Por la ilusión. Es mucho más poderosa que cualquier verdad. Todo es más fácil y posible. La ilusión despierta al que siempre quiere dormir, al que llora porque ha perdido, a quien está sufriendo y al que de nuevo ha vuelto a fracasar. Da igual lo que creas, lo que te hayan contado o incluso eso que durante el curso creías que se trataba de un cuento de pequeños. Llegan las luces, los villancicos, las sonrisas, muchos más abrazos y besos y con todo ello rebosante de ilusión. Además, quien quiere subirse al carro sabe que tiene diversión asegurada.

martes, 13 de diciembre de 2016

Comida de Navidad | Planifica y aprende

 
Esta semana, en clase, vamos a trabajar varios aspectos importantísimos a través de un divertido ejercicio. Planificación, organización, atención, razonamiento matemático, empatía, diferencias sociales, valoración de lo que tenemos y la reflexión personal serán algunos de los temas fundamentales.

Desarrollaremos la actividad tanto en Educación Primaria como en la ESO. Así que no hay excusa de edad, ¡anímate hacerlo tu también, con tus alumnos o tus hijos!

Material necesario.
Revistas o folletos de propaganda. Papel, bolígrafo, tijeras y pegamento.

Descripción de la actividad.

Vamos a ponerles un reto diferente. Uno de esos que por edad no les suelen tocar. Se trata de una actividad que, normalmente, realizan los abuelos y que, de forma natural vamos heredando la siguiente generación. Se trata de pedirles que planifiquen la comida de navidad. Su cometido no va a ser cocinarla (aunque os animamos a que participen en la medida de sus posibilidades), ni siquiera tendrán que acudir a comprar los ingredientes. Su misión se quedará en la planificación, que no es poco. Tendrán que ponerse en nuestro pellejo: planificar, organizar y cuadrar cuentas. 

Lo primero será ofrecerles los datos básicos de la comida. Les escribiremos en un papel el número de invitados, detallando adultos y niños. Recordarles que vendrá el primo vegetariano, la alergia de su hermano o la persona que siempre protesta con todo (si es su caso aún mejor). En segundo lugar les indicaremos el presupuesto con el que contamos este año (en el caso de ser varios alumnos o hijos, intenta dar cantidades muy diferentes para posteriormente razonar acerca de las diferencias).

Recuérdale que para hacer esta compra tiene un tiempo concreto, ya que no todos gozamos de un tiempo infinito. Hay más cosas que hacer. Cuantos más folletos compruebe mejor puede ser su compra, pero para ello deberá estar atento porque el tiempo vuela. Decide el tiempo según la edad, si ves que te has quedado corto, regálale tiempo con escusas como que el repartidor le llevará gratis la compra. O quítale tiempo aludiendo que se le ha estropeado el coche y deberá ir a todos lados andando.

Para poder hacer una buena planificación le indicaremos que vaya organizando los alimentos con sus precios. Posteriormente los organizará y descartará lo que no necesite. Los alimentos han de convertirse en platos que se puedan comer: entremeses, primer plato, segundo y postre. Todo teniendo en cuenta su valor, el dinero que poseen y todas las peculiaridades de los comensales.

Cuando ya tenga o tengan todos creados sus menús deberán presentároslos, explicar el esfuerzo que ha requerido la preparación y su complejidad. Le vamos a pedir que reflexione cómo se sentiría en esa comida como anfitrión o como comensal. Hablaremos sobre las diferentes comidas, empatizaremos no solo con el esfuerzo sino con la frustración, la ilusión, la tristeza, el deseo… intentaremos que valoren lo que cada uno tiene y la fortuna del compañero de al lado, no por el manjar sino por lo que esta comida conlleva. 

Las familias sin demasiados apuros económicos pueden establecer un bonito ejercicio dando un presupuesto muy reducido, de esta forma conseguiremos que valore lo que tiene y empatice con quienes no. Además pondrá a prueba su originalidad culinaria.

Nota. Esperemos que algún valiente se atreva a oficializar dicho menú. No sería increíble.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Consejos generales de memoria | Parte III


Consejos generales de memoria
  • Ningún padre o docente va a conseguir que un menor memorice algo si este no pone de su parte. Sabemos que es algo obvio pero es una fuente de frustración y decepciones inmensa. Debemos enseñar a memorizar activamente, es decir, el menor debe entender que si no quiere y pone energía en memorizar algo no lo va a conseguir. Nadie puede. 
  • Memorizar exige una enorme concentración y agota. Pretender poner a un chico delante de un libro memorizando una hora de primeras es ridículo. No lo va a hacer. No puede. Es mejor dosificar y alternar tareas. Con el tiempo su capacidad de aguante irá aumentando de forma progresiva.
  • Muchos chicos pasan horas de los libros con un rendimiento muy bajo. Desde Educar sin varita mágica recomendamos estar en la silla solo en momentos de aprovechamiento. Acostumbrar a los jóvenes a estar en la silla sin concentrarse y perder el tiempo es doblemente negativo. Es mejor combinar el ocio y la diversión con momentos de aprovechamiento real. Será más feliz y su rendimiento será superior.  
  • Intentar adaptar los métodos al menor. Las normas mnemotécnicas más eficientes son las que creamos por nosotros mismos.
  • Cuando vemos a un menor frente a un libro, un folio o un esquema leyéndolo simplemente, en torno a un 90% de los casos, estará realizando una labor poco efectiva o, directamente inútil. El motivo es que ni está activo, ni atento ni implicado. En cambio, cuando el menor repasa mentalmente lo estudiado, lo escribe o gira el folio para comprobar si lo ha retenido, está utilizando un método eficaz. Así que, un buen consejo podría ser indicárselo. Si asegura que está estudiando anímale a cambiar de actividad. Cantar, recoger, hacer algo que implique lápiz, ayudar a hacer la cena o simplemente conversar con él provocarán que, cuando retorne al estudio, tenga una actitud diferente, quizá más activa. Se trata de una simplificación pero creemos que en un porcentaje altísimo de los casos es asumible como real (#EducarLAB).
  • Repasar es fundamental para asentar el conocimiento a largo plazo. Aunque hay muchas técnicas os proponemos la que a nosotros y nuestros alumnos les resulta más eficiente. Tras memorizar de forma efectiva repaso al día siguiente, después a los 2 días, 4 días, 8 días, 16 días, 32 días, etc. Vamos duplicando el periodo hasta que quede completamente retenido en nuestro sistema neuronal (Distribución espaciada).

Continúa aprendiendo...

miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Cómo puedo conseguir retener esa información en el tiempo? | Parte II

Puede que te interese entender cómo funciona nuestra memoria y la de los menores antes de leer este artículo. Si es así, pincha aquí.
La memoria funciona de forma muy similar a un músculo. Es difícil esperar ser muy fuertes si antes no entrenamos y es difícil tener buena memoria si antes no practicamos. A más entrenamiento más capacidad. No imparte desde donde partamos, esa norma se cumple en todos los casos.
Existen personas con una enorme capacidad de memoria innata, con memoria eidética, con dificultades de almacenamiento pero, exceptuando las patologías que afectan a la memoria como el Alzheimer, todos nos basamos en un mismo proceso de retención de memoria. Así que dejémonos de excusas y a entrenarla. Como si de deportistas se tratase, no todos podemos llegar a la élite ni necesitamos las mismas horas de entrenamiento para alcanzar ciertos objetivos pero, a nuestro nivel, todos podemos alcanzar importantes metas con el consiguiente esfuerzo. ¡Vamos allá!
Memorizar una información nos va a exigir activar nuestro cerebro, prestar la máxima atención y querer implicarnos en que esa información se quede en nuestras neuronas, es decir, lo que llamábamos la Santísima Trinidad de la Memoria. Además, para que esa información permanezca mucho tiempo necesitaremos recordarla periódicamente. La curva del olvido nos dice que, en pocos días, olvidaremos más de la mitad de lo aprendido si no lo repasamos. Recordemos igualmente que factores como el sueño o el estrés también afectan al proceso.

¿Que debemos hacer para memorizar?
Cada persona y cada información puede requerir un proceso específico que sea especialmente eficaz. Los hay más verbales y otros más visuales. Vamos a proponer un buen número de consejos útiles y prácticos de manera que cada uno pueda utilizar los que le resulten óptimos a su caso. Os aconsejamos probar los diferentes métodos para encontrar vuestra fórmula.
- Utiliza normas mnemotécnicas. Se trata de "trucos" que nos ayudan a retener conceptos más complejos. Ejemplos de normas mnemotécnicas son el uso de los nudillos para recordar la duración de los meses del año; o recordar el orden de los Planetas mediante la frase "Mi vieja tía marta jamás supo untar nada en el pan" (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y el "planeta" enano Plutón).
- Las personas con mayor memoria visual pueden recurrir al uso de colores a la hora de subrayar, elaborar esquemas o crear representaciones. Además, en ocasiones, es muy interesante convertir palabras en imágenes que nos faciliten su recuerdo. Por ejemplo, para recordar un experimento imaginar que lo estas llevando a cabo en un lugar concreto, paso a paso, puede resultar de gran ayuda.
- Uso de acrónimos. Utilizando las primeras letras de un conjunto de palabras podemos formas una palabra nueva que nos facilite la memorización. Por ejemplo, podemos recordar la Ley de Ohm acordándonos de nuestra prima Virginia y es que VIR es la Ley de Ohm V = I x R. Una variante utilizaría palabras enteras o partes de las mismas para formar frases con el mismo fin.
- Crea historias o teatrillos que te acompañen en el proceso. Si, por ejemplo, quieres recordar varios elementos puedes imaginártelos en las diferentes partes de tu casa en lugares precisos. Una variante concreta de este método es el método de los lugares o loci usado desde la antigua Grecia. En él simplemente eliges un camino bien conocido, por ejemplo el camino al cole o al trabajo, y en diferentes puntos del mismo ubicas las diferentes cosas a memorizar. Es crucial imaginarlo de la forma mas realista posible y recordarlo varias veces.
- Utiliza relaciones sencillas. Un par de ejemplos. Los Anticiclones corresponden a centros de Altas presiones mientras que las Borrascas a Bajas presiones. Las primeras letras se corresponden A con A y B con B. Para recordar el nombre científico del Laurel, Laurus nobilis, recuerdo que mi prima Laura fuma Nobel.
- La repetición puede ser un método muy eficaz de retención pero, contrariamente a lo que se suele pensar, no es suficiente con una repetición tipo papagayo. Requiere concentración y repetición en tiempos salteados a modo de repaso.

Lamentablemente no solo podemos vivir de los trucos en el proceso de memorización. Son muy útiles y nos van a ayudar muchísimo pero si me toca aprenderme los números en inglés no tengo mucha opción de vivir solo de trucos. Memorizar listados de palabras, temas completos, esquemas, etc. requiere nuevamente de nuestra Santísima Trinidad. Veamos:
  1. Activar. En primer lugar necesitamos simplificar y ser lo más efectivos posibles. Si nuestra capacidad de memoria es limitada evitemos gastar energías innecesariamente. Por ello es importante que eliminemos contenido irrelevante y demos un formato visualmente atractivo de forma que aprovechemos nuestra memoria visual además de la verbal. Es por eso que somos tan pesados con la realización de resúmenes y esquemas en los que se destaquen los aspectos claves y se elimine lo superfluo. 
  2. El resultado de esa ordenación y simplificación debe ser lo más coherente e intuitivo posible para el estudiante. Si no lo entiendo el esfuerzo va a ser infinitamente mayor. ¿Has probado a memorizar una palabra en árabe o chino?
  3. Atención. Cualquier intento de memorizar a "medio gas" va a resultar un fracaso. Es necesario acostumbrar a los menores y a su cerebro a que cuando van a memorizar debe ser con un esfuerzo importante. Si no están con ganas o capacidad es mejor que se dediquen a descansar, hacer ejercicios, esquemas o resúmenes que les obliguen a activarse sin tanto esfuerzo.
  4. Implicarse. Necesitamos que sea el propio estudiante el que ponga de su parte y no siempre es así. Padres o profesores que ponen toda su energía en "controlar" que estudie o memorice es probable que, pese a su buena intención, estén condenados al fracaso. Creemos que es mejor motivar, ayudar a establecer un plan eficaz o enseñar a memorizar que pelearse por mantenerlo en la silla. Establecer metas pequeñas, programar objetivos realistas, reforzar sus logros son estrategias inmensamente más eficaces.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Aprendiendo a memorizar | Parte I

Con unos 100.000 millones de neuronas, ¿cómo es posible que mi hijo no sea capaz de memorizar el verbo to be?, Se pasa horas en la habitación, ¿por qué luego suspende? La memoria es una de las funciones más complejas del cuerpo humano, aún a día de hoy es en gran parte un misterio para los humanos. Memoria a corto o largo plazo, memoria sensorial, memoria emocional... En este artículo no pretendemos descifrar estos misterios sino comprender su funcionamiento y forma de trabajarla en los menores (y porque no, en los mayores).
No pretendemos teorizar mucho sobre el proceso mental en sí pero resulta necesario asumir que, para que algo sea memorizado necesita tres requisitos indispensables, lo que llamamos la Santísima Trinidad de la Memoria:
  1. Activar el sistema.
  2. Atender.
  3. Implicarse personalmente en la memorización.
Pero, ¿qué significa eso?, ¿por qué son tan importantes esos pasos?, ¿son necesarios para que mi hijo memorice los ríos de la península? Evidentemente hay personas con más o menos capacidad para memorizar pero, esa diferencia, no justifica el fracaso o el éxito de la mayoría de casos. Todos hemos vivido fracasos en la preparación de un examen, hemos sufrido un "blancazo" o hemos sentido que perdíamos el tiempo estudiando. Por ejemplo, ¿cuantas veces hemos estado frente a un libro leyendo infinitas veces un párrafo que no hemos sido capaces de memorizar?. O, ¿cuantas veces hemos pedido a nuestro hijo que estudiase ese tema y, tras muchísimo tiempo dice "no se me queda"? 
Memorizar no es introducir información al cerebro como si se tratase de las cajas de una mudanza. Retener algo en nuestra memoria requiere querer hacerlo (Activar), mantener la concentración absoluta durante todo el proceso (Atención) y poner toda nuestra actitud en buscar la mejor forma de fijarlo en nuestro cerebro (Implicarse). 
Imaginemos que estamos hablando con nuestro hijo y no nos está haciendo caso. En ese momento le decimos "No me escuchas. Ni siquieras sabes de que te estoy hablando". En muchas ocasiones el menor es capaz de repetir la última frase que le hemos dicho dando a entender que si nos prestaba atención aunque las dos partes sabemos que en realidad no es cierto. Otro ejemplo puede ser el de memorizar un número de teléfono. Con apenas esfuerzo somos capaces de repetir un número de teléfono que nos dictan pero esa retención a penas dura escasos segundos en nuestro cerebro, después se desvanece, se evapora. Esto es lo que separa la memoria a corto plazo (unos 10 segundos), puntual, efímera, de la memoria a largo plazo, consistente y más estable. Nuestros hijos necesitan memorizar en esta segunda esfera de la memoria y eso va a requerir la santísima trilogía de la memoria: activar, atender e implicarse.

Memoria de hielo
Utilizaremos la analogía con la que intentamos explicar a los menores el proceso de memorizar en Educar sin varita mágica (#EducarLAB). Imaginemos un día caluroso en el que estamos sedientos. Alguien deposita un hielo en nuestra mano. Necesitamos que se derrita para poder beber el agua y a penas tenemos unos segundos para retener ese agua antes de que se deslice entre los dedos. Tenemos muchas formas de mantener ese agua para poder beberla una vez derretida pero necesitamos hacerlo pronto y pensar en un plan para retenerla. Si lo hacemos de una forma eficaz después podremos usarla para paliar nuestra sed. Entendemos que la memoria sufre un proceso parecido. El objetivo es retener esos conocimientos en nuestra memoria a largo plazo. Me llega la información, sea porque me la dictan, la leo o la escucho. Tengo unos segundos para almacenarla antes de que se derrita. Puedo repetirla mil veces, puedo escribirla y probar que la recuerdo, puedo utilizar relaciones, acrónimos, normas mnemotécnicas... cada ocasión y persona puede requerir un método diferente pero, sin duda, necesitamos un plan para que no se escape entre nuestros dedos, entre nuestras neuronas. Solo si somos capaces de guardarla bien podremos beberla cuando lo necesitemos.

La memoria es un proceso básico en el aprendizaje y en la supervivencia. No se trata de memorizar como si de un disco duro se tratase sino de retener datos útiles y consistentes que formen unas redes neuronales fiables de forma que nos permitan alcanzar las metas esperadas.