miércoles, 24 de agosto de 2016

Cómo volver a clase | Consejos para padres

La vuelta al colegio o al instituto después del largo verano suele suponer un reto para los jóvenes. Llevamos dos meses con unas reglas más flexibles, no hay practicamente horarios, ni responsabilidades. La mayor parte de su tiempo se ha dedicado al ocio de forma absolutamente libre. Les hemos permitido una libertad casi completa y, de repente, queremos que vuelvan a encorsetarse en una rutina muy estructurada. Lo que en adultos parece  lo más lógico del mundo, eso que comúnmente llamamos "Síndrome postvacacional", también lo sufren ellos, solo que además no poseen nuestras herramientas para gestionarlo correctamente.

Saber como preparar ese momento e ir programando las emociones y dificultades que puedan ir apareciendo ayudarán al menor en un proceso que, de otra forma, puede resultar muy complicado y doloroso para todos.

A continuación os planteamos dificultades, pautas y/o estrategias que podéis utilizar para facilitar dicho proceso.

Posibles manifestaciones y estados emocionales que pueden aparecer en el menor.
  • Ansiedad (Se muestra más nervioso, irascible o irritable; presenta dolores de cabeza o tripa inusuales; alteraciones del sueño; náuseas o vómitos; intensificación de picores, etc.).
  • Miedos (¿Me cambiarán de compañeros?; ¿Les caeré bien?; ¿Me haré amigos?; ¿Se reirán de mí?; ¿Será más difícil?; ¿Pensarán que soy tonto?, etc.).
  • Angustia (¿Estaré todo el día haciendo obligaciones?; ¿No tendré tiempo libre para jugar?; ¿Me apuntarán a mil cosas?; ¿Volveré a tener muchas normas y horarios a cumplir?; ¿Sabré funcionar solo?, etc.).

Pautas para facilitar el proceso al menor.
  • Normaliza las emociones de tu hijo. Transmítele que le comprendes, que es completamente natural lo que siente y piensa. Ayúdale a aceptar la realidad aunque no le guste. Nadie quiere que terminen las vacaciones pero plantéale que juntos podéis buscar alternativas que faciliten o incluso conviertan en positiva la realidad del día a día. 
  • Introducir progresivamente horarios en las dos últimas semanas antes del comienzo del curso. El cambio para ellos, de otra forma, será vertiginoso el día que comiencen las clases. Puedes ir introduciendo actividades programadas como leer, hacer manualidades, ejercicio, etc. Estas actividades, que no tiene porque sera directamente relacionadas con su vida académica, serán un buen paso intermedio.  
  • Para introducirnos en la rutina vamos instaurando horarios más concretos y más cercanos a la próxima realidad. No podemos esperar que su cuerpo (y mente) respondan correctamente a levantarse el primer día de clase a las 7:00 si lleva todo el verano levantándose a las 11:00 de la mañana. Horarios de sueño, turnos de comida, tiempo con amigos, etc.
  • Tratar de planificar el curso entre todos. Las asignaturas y deberes no son modificables, pero el resto de actividades sí. Hazle participe de sus actividades extraescolares, plantearos juntos las ilusiones para los fines de semana, anímale a realizar actividades pero ten cuidado de no sobrecargar su horario puesto que terminará jugando en contra de ambos.   
  • Planifica y valora sus nuevas responsabilidades. Es un año mayor, ha de ser más autónomo, va a asumir nuevos retos que puedes exigirle o planteárselo como un nuevo avance en su vida. Preparar junto a él el viaje en autobús que ahora realizará solo, acompañarle por las calles por las que acudirá al centro, orientarle en que ha de meter en la mochila, enseñarle a ducharse sin ayuda... son algunas de las cosas que este año el va a hacer sólo. Podemos hacer que sienta esa responsabilidad como el maravilloso paso que es para él y no tenerla que crear posteriormente como una obligación más.  
  • Crear todos juntos las normas que cada uno vamos a tener a lo largo del año. Es claro que vamos a tener unas obligaciones a cumplir y, si las dialogamos desde el principio, nos ahorrarán discusiones posteriores. Estableced unas pautas claras y concretas para cada miembro de la familia (¡Sí, padres también!) y colgarlas en un lugar perfectamente visible para todos. Establecer conjuntamente un sistema de premios y consecuencias para cada uno ayudará al funcionamiento óptimo de la familia.  
  • Presta especial atención a su motivación para los últimos días justo antes del inicio de las clases. Cada niño encuentra la motivación en cosas muy diferentes así que busca las suyas propias. Puede que llevar un estuche nuevo, o ir a comprar sus libros y cuadernos lo sea para unos; Otros la encontrarán en estrenar ropa para esos primeros días; Dejar a punto la bici o el longboard con el que irán a clase; pensar en los juegos que compartirán en el recreo con sus compañeros; etc.

martes, 26 de julio de 2016

Deja de buscar la felicidad.. ¡Fabrícala!



Los antiguos griegos hablaban de un concepto, la eudemonía, como el fin último del ser humano. Algo así como alcanzar nuestra plenitud. Ser feliz. Había quién buscaba la eudemonía en la riqueza, los honores, la fama o el mero placer. Aristóteles les corregía y les indicaba que la única forma de alcanzar la plenitud era a través de una vida basada en la razón y en la búsqueda de la verdad.
Aquí surge un segundo concepto griego que parece pertinente, la idiotez. Para ellos ser idiota significaba que estabas centrado en ti mismo, que eras egoísta. Un idiota solo pensaba en lo propio y se olvidaba del conjunto, de la democracia, de los demás.
Ahora bien, ¿no os parece que no hay peor forma de alcanzar le eudemonía que ser un idiota, ambos en su sentido griego? Son muchos los trabajos y experiencias que han demostrado que cuanto menos idiotas somos, es decir, más empáticos, más felices nos sentimos. Trata bien a esa persona, haz algo agradable por tu amigo, ayuda a quien lo necesita y te sentirás mejor.
Es más sencillo de lo que parece. Deja la idotez a un lado, busca ayudar al resto, sonríe y se feliz!

miércoles, 29 de junio de 2016

¿Cómo afronto las vacaciones de verano? | Consejos para padres

¿Qué ganas tengo de que se acaben las vacaciones y vuelvan a clase? 
Esto de vacaciones tiene poco
Son algunas de las frases que solemos escuchar o decir cuando las largas vacaciones estivales nos superan. No estamos acostumbrados a pasar tantas horas con ellos y su constante atención y demanda nos supera. Es quizá esta la clave. El poco tiempo que compartimos gran parte del año nos acostumbra a estar demasiado pendientes de él. Tanto para el hijo como para el padre esta relación se convierte en habitual y ni él se acostumbra a jugar solo ni nosotros sabemos ocuparnos de nuestras tareas o disfrutar de nuestro tiempo cuando estamos juntos. Aprender a compartir espacios y momentos sin que necesariamente implique que interactuemos todo el rato será la clave de la felicidad de ambos.

Parece sencillo pero, ¿cómo lo hacemos?
  1. Planifica. Hacer un calendario, plantear las actividades a realizar de forma conjunta y representarlo en una cartulina hará todo más fácil (os proponemos una actividad similar para ver como realizarlo aquí). 
  2. Genera ciertas rutinas y responsabilidades para las semanas de vacaciones. Trata de establecer junto a él una parte del día estructurada. Puede ser su media hora de lectura, de instrumento, de pintar o de repasar conceptos que nos entendimos bien en el curso. Se trata de que no olviden la generación de responsabilidades. Según se acerque el inicio de las clases trataremos de poner en marcha un plan de adaptación como éste.
  3. Organízate con amigos o familiares. Busca a gente dispuesta a compartir responsabilidades. Puedes organizar una actividad para varios niños hoy tú y la semana que viene otra persona. Ayudará a socializar, compartir, será una plan atractivo para ellos y descargará las agendas de adultos.
  4. Prepara planes diferentes y útiles para todos. Cocinar juntos lejos de ser un deporte extremo puede ser algo interesante para todos: colaboración, autonomía, asumir responsabilidades, entender lo que la preparación de comida representa, trabajo en equipo, etc. Limpiar, preparar maletas, organizar las cosas de la piscina o playa... Nuestros hijos están deseando asumir responsabilidades, eso sí, las necesitan como en los muebles de IKEA. Paso a paso, todo muy clarito y con las herramientas disponibles.
  5. Asegura que tenga materiales a mano para sus tiempos libres. Pueden ser pelotas, legos, papel y pinturas, mandalas... lo que creas oportuno siempre que le permita entretenerse, sin sobreestímulos y, a ser posible, que le permita hacer cosas que te parezcan interesantes del tipo manualidades, lectura, pintura, música, etc. Esto vale para casa, los viajes en coche y las salidas. Creemos que proveer de demasiadas cosas a la vez puede ser contraproducente. Os proponemos, por ejemplo, tener un cajón o una caja en la que cambiemos periódicamente ese tipo de elementos a modo de sorpresa.
  6. Limita sus diversiones poco positivas. Nos referimos a las horas de móvil, de TV o de juegos de ordenador o consola. Estructura unos tiempos máximos en el calendario o haz que gane ese tiempo extra con actividades que os resulten más positivas. 
  7. Trata de que descubra el aburrimiento. Nooooo.. no decimos que le aburras tú pero si que entienda un concepto que ha pasado a ser nuevo y aterrador para los niños actuales: el aburrimiento. Durante el curso es difícil que se acerquen a él así que es un buen momento para ello. El tedio, la monotonía, el no tener que hacer es parte de la vida y necesitan descubrir que debemos asumirlo como tal. Deja que sea el mismo en que piense actividades a realizar, que busque trucos, imagine. Todo ello es fantástico para él. Recuerda que tú no eres el salvador de sus aburrimientos y tampoco lo es la TV, el móvil o los videojuegos. 
  8. Durante el verano los menores frenan su aprendizaje académico lo que provoca que pierdan hasta un 40% de lo aprendido el año anterior, especialmente en lengua y mates. Trata de evitar esto. Para ello busca un plan de lectura (mira estas estrategias), aprovecha cualquier excusa para practicar las mates (las recetas que utilizamos en cocina, su deporte favorito, las cuentas cuando quiere comprarse algo), revisa juegos en los que las matemáticas sean esenciales, etc. Hacer deberes no tiene porque ser "hacer deberes". Utiliza la imaginación y ofrece opciones.
Disfrutar de las vacaciones es un derecho de todos, de padres e hijos, y necesitamos respetar en enseñar a respetar esos derechos. Así que, trata de organizar vuestra agenda y vuestra vida de forma que todos seáis felices puesto que no hay mejor forma de querer al menor que desde la felicidad propia.

miércoles, 22 de junio de 2016

Conciliar con mi familia mi forma de educar | Contestando preguntas


Explicación: Resulta complicado intentar convencer a los demás para que funcionen tal y como tú consideras oportuno, especialmente cuando se trata de la forma de interactuar con un menor. Tampoco es sencillo, ni quizá efectivo, esperar que los demás actúen con tus hijos en función de como lo hagas tú como su padre. Puede ser que ese tipo de situaciones no llegue a generar dificultades en nuestro hijo pero, en ocasiones, comentarios o actuaciones externas pueden modificar su funcionamiento o tirar por la borda el trabajo que realizamos diariamente.
Debatir con tu madre o tu suegro acerca de actuaciones, frases o formas de interaccionar con tu hijo "en directo" puede llevar a discusiones, comentarios inoportunos, malentendidos, pérdida de control, desgaste emocional, frustración, reducir tu confianza y capacidad...

Objetivo: Conciliar con mi familia pautas en la educación de mi hijo de forma que evitemos los conflictos. Ofrecer al menor un entorno estable y coherente.

Estrategia:

Seguridad en mí: 
El primer paso para poder aceptar comentarios educativos, explicar mis opiniones o establecer directamente cada pauta con el menor, es la confianza en uno mismo. Para ello sigue las siguientes instrucciones, te ayudarán a adquirir firmeza en tí y tus decisiones.
  1. Documéntate. Lee, reflexiona y comenta con tu pareja las normas, pautas y estilos educativos que te acercan a un mejor funcionamiento con tu hijo.
  2. Acepta que te vas a equivocar.
  3. Reconoce tus errores con dignidad y acepta que son ellos quienes te enseñan a ser mejor padre cada día.
  4. Evalúa tus resultados, y conduce tus pautas hacía un cambio positivo.

Seguridad en mis pautas:
Vas a tomar muchas decisiones, seguramente titubearás e incluso en ocasiones te contradecirás. Normalízalo, es un paso más, la forma de intentar hacerlo correcto. Transmite seguridad en tus pautas. 
  1. Intenta sacar un rendimiento positivo a los comentarios externos.
  2. Extingue aquellos consejos que no apruebas o consideras que no ayudan.
  3. Ten presente en cada momento que vosotros perseguís lo  mejor para vuestro hijo.
  4. Cuando trasmites seguridad, dejas poco espacio abierto a alternativas. Inténtalo.

Compartir mi forma de educar con mi familia:
  1. Explica las razones de tu forma de actuar.
  2. Reune a tu familia y en un momento tranquilo y en armonía trasmíteles la importancia que tiene que todos funcionéis en la misma dirección.
  3. Hazles saber que como padre, quieres lo mejor para tu hijo y que consideras que éste es el camino.
  4. Reconóceles que es posible que os confundáis muchas veces pero para ellos es importante que vayáis paralelos, de la mano.

Nota 1. Respuesta a una pregunta formulada por los asistentes en la Presentación de Educar sin varita mágica en el Espacio Santos Ochoa (18 de febrero de 2016). 

miércoles, 15 de junio de 2016

El Efecto Pigmalión en los menores


El Efecto Pigmalión es un fenómeno debido al cual las expectativas generadas sobre alguien pueden afectar al resultado, es decir, la creencia de un padre (o un profesor) sobre el rendimiento del menor puede acercarlo o alejarlo de esa meta o comportamiento. Es por ello que también se le conoce como de la Profecía Autocumplida. Esta teoría funciona en múltiples ámbitos: social, laboral o familiar pero, en esta ocasión nos vamos a centrar en el educativo, tanto de padres a hijos como en el entorno escolar.

Esta teoría muestra una doble vertiente. En ciertas ocasiones puede venir determinado por expectativas favorables, es el Efecto Pigmalión Positivo. Veamos sendos ejemplos de esta opción:
  • Imaginemos el caso de un chico que va a aprender a andar en bici. Su padre/madre, confiado en la gran capacidad de su hijo para otros aspectos a lo largo de su vida, trata de enseñarle, motiva a su hijo en la expectativa de que aprenda con la destreza con que hace todo. Quizá el menor no es especialmente hábil en el manejo de la bici pero, la confianza, el entusiasmo del progenitor van a transmitirle que "es capaz" y, con ello, probablemente aprenda a andar en bici de una forma mucho más rápida que lo que sus habilidades indicaban.
  • Veámos ahora sus efectos en el ámbito educativo. Un profesor recibe la noticia de la llegada del hijo de un gran investigador a su aula. Asume, por supuesto sin ninguna premeditación, que el chico, como su padre, debe tener un potencial inmenso. A partir de su expectativa creada, da el beneficio de la duda a sus errores, le ofrece más tiempo de contestación o ante respuestas vagas interpreta posibles significados correctos. Todo eso transmite a sus alumnos esa misma confianza en el menor, que a su vez revierte directamente en él. Se siente más seguro, confiado en sus posibilidades, mejora su autoconcepto y, con ello, se siente más motivado a trabajar y esforzarse generando un círculo positivo.
Por el contrario, cuando la idea preconcebida es hacia el fracaso, cuando no transmitimos confianza en la superación por parte del menor, estaremos hablando del Efecto Pigmalión Negativo.
  • Mi hijo, que intenta andar en bici, es consciente de que no confío mucho en su habilidades motoras. Sabe que su torpeza y fallos anteriores van a suponer que no le vayamos a ayudar mucho y que, si no lo consigue pronto, su padre se va a desesperar y no le va a ayudar más. Se apoderará de él la incertidumbre, la presión, perderá confianza y, todo ello, le "condenará" al fracaso.
  • El profesor ha oído que, el hijo del investigador es un trasto y que la genética ha jugado una mala pasada a esa familia porque no hay ni rastro de la capacidad paterna en el menor. Desde el principio trata de ponerle límites demasiado estrictos a su comportamiento para evitar que "se le vaya de las manos", entiende sus respuestas como llamadas de atención o tonterías sin sentido. El resto de la clase observa ese comportamiento y tratan con igual actitud al menor. Eso mina su autoestima y elimina esa "posibilidad de empezar con buen pie en este otro centro", se frustra y deja de intentarlo.
Las expectativas que generamos en nuestros menores son enormemente importantes en su evolución, de hecho son muchos los estudios que afirman que las expectativas del profesor son uno de los factores más determinantes en el rendimiento del alumno. A continuación os proponemos una serie de pautas para optimizar el Efecto positivo y minimizar el negativo:
  • Trabaja tu propia confianza y actitud. Solo cuando nosotros actuemos de forma correcta seremos capaces de transmitir ese mismo optimismo. ¿No os ha ocurrido que aplicamos el Efecto Pigmalión a nuestra propia persona? En ocasiones dejamos de confiar en nuestras posibilidades, nos desanimamos, reducimos nuestro esfuerzo y, con ello, fracasamos. Por supuesto también de forma positiva.
  • Evita el efecto de tú primera impresión o de la información recibida previamente. No se trata de renunciar a nuestras sensaciones o información previa sino evitar que eso condicione la situación de forma irreversible. Si nuestro hijo es torpe anímalo y transmítele que es cuestión de ser un poco más paciente. Si un alumno viene con la etiqueta de trasto trátalo en igualdad de condiciones y si la etiqueta se refrenda transmítele que aquí confíamos en él y que las normas son iguales para todos.
  • Es importante revisar nuestra conducta y expectativas periódicamente respecto a nuestros menores.
  • Evita etiquetar a las personas. Sea por sexo, etnia, procedencia, situación económica... Nadie merece tener más o menos oportunidades por ninguna de estas causas así que busca ser objetivo y confiar en todos por igual.
  • Evita gestos, expresiones o actos que manifiesten al menor nuestra falta de confianza o aprecio. Si el menor intenta algo y observa un pequeño gesto escéptico en el adulto es probable que eso le genere menos ilusión, mayor precaución, inseguridad, etc. Deja que lo intente sin prejuzgar. Solo intentándolo aprendemos nuestros propios límites.
  • Busca tratar al resto con empatía. No sobreprotejas ni limites su aprendizaje.

Origen del Efecto Pigmalión.
Ovidio, en su obra Metamorfosis, cuanta la historia de Pigmalión, un escultor que realizó una escultura de una mujer, Galatea, de la que quedó absolutamente prendado y a la que trataba como si tuviera vida. Fue tal su amor que, poco después, la Diosa Venus, decidió dar realidad a su amor convirtiendo a la estatua en mujer de carne y hueso.

Mucho después, el escritor irlandés y Premio Nobel, George Bernard Shaw, reinterpretó el mito en una obra de teatro en la que un profesor apostaba por convertir a una simple florista en una dama en el plazo de seis meses. Para ello se limitaba a tratarla como la dama que veía en ella generando esa expectativa en la florista.

Finalmente fue Rosenthal el que reinventa el mito con una visión psicológica y educativa. Parte de un experimento en un colegio en California. Básicamente informaron a los profesores de los alumnos de que las capacidades intelectuales de los alumnos que se incorporaban al colegio por primera vez. Les hablaban de aquellos alumnos que ofrecían resultados brillantes y, por otro lado, de aquellos menores cuyos test mostraban claras limitaciones en el aprendizaje. Solo que esos datos eran absolutamente falsos y simplemente decidieron dichas supuestas capacidades de los alumnos al azar. Al finalizar el curso se observó la evolución académica de dichos estudiantes y se observó como aquellos que pertenecían al grupo de "muy buenos" aumentaron sus resultados de forma muy superior a quienes no pertenecían a esa categoría, es decir, las expectativas "inconscientes" del profesorado y su consecuente comportamiento, provocaron dicha mejora en los alumnos.

lunes, 13 de junio de 2016

Santos Ochoa | Salamanca

¡Recién estrenadita! Santos Ochoa abre una tienda en Salamanca, concretamente en la Plaza de España. Somos muy fans de Santos Ochoa y, aún más si cabe, de Salamanca así que.. allí nos tenéis! Un placer contar con un segundo punto de venta para Educar sin varita mágica (tras el de la Librería Hydria) en un ciudad tan especial para nosotros.

Allí os esperamos en una de las mejores librerías, al menos lo es para nosotros, del país.


Datos de interés de la Librería Santos Ochoa Salamanca.

miércoles, 8 de junio de 2016

¿Y yo? | Contestando preguntas


Explicación: Tener un hijo puede resultar la aventura más bella, apasionada y dulce de nuestra vida, pero también es un momento de incertidumbre, de nuevas emociones y sin lugar a duda, una nueva forma de vivir. La llegada del primer hijo lo cambia todo. Dejamos de ser dos para ser tres y en ocasiones tres diferentes personas que no conocíamos. Los adultos intentamos acoplarnos y gestionar todas las circunstancias nuevas con la mejor intención, con el deseo de disfrutar y no sentirnos superados. Caer en el error, confundirnos y afectar a la persona de nuestro lado es mucho más fácil de lo que imaginábamos. Sois un equipo, ambos vivís algo fantástico pero a la vez el no saber, las diferentes emociones que aparecen, las dificultades, las pocas horas de sueño y el deseo por hacerlo bien nos lleva a conductas egoístas, a menospreciar consejos o simplemente no aceptar nada más allá de lo que uno opina. Todas estas conductas, aunque son normales y proceden de la intensidad del momento, dan lugar a posibles consecuencias. Una de ellas puede ser el rechazo de uno de los miembros.

Conductas erróneas que derivan en un posible rechazo por parte del menor a uno de los dos progenitores:
  • Menospreciar a tu pareja.
  • Reprocharle lo que hizo o no hizo.
  • Quitarle autoridad públicamente.
  • Definir roles incorrectos. Ejemplo: el encargado de ser el protector, el único que pone las normas o quien otorga los premios.
  • Que uno de los miembros no dedique tiempo agradable a su hijo.
  • No funcionar en equipo.
  • Un solo miembro se ocupa de las responsabilidades del menor (poli malo y poli bueno).
  • Uno de los miembros no encuentra aspectos o actividades comunes.

Objetivo: Qué mi hijo quiera pasar tiempo conmigo, que se sienta agusto a mi lado.

Estrategia: Utilizaremos lo que hemos llamado la Estrategia de amor. Consiste en seguir los siguientes pasos: 
1. Me analizo a mí mismo: ¿Cómo me siento?, ¿qué pensamientos aparecen en mi cabeza?, ¿qué creo que estoy haciendo mal?, ¿qué creo que hago bien?.
2. Descubro cómo es mi hijo y que le gusta. Para ello escúchale o simplemente observa lo que haga, te dará muchas pistas.
3. Hago una lista de posibles mejoras:
  • Actividades que podría hacer con mi hijo (deportes, ocio, acompañarle, etc.)
  • Encuentra momentos para vosotros solos que sean agradables para ambos.
4. Hablo con mi pareja y le explico cómo me siento.
5. Le pido a mi pareja ayuda, sugerencias para mejorar. Seguramente ella verá las cosas con una perspectiva diferente que, si escucho, me pueda aportar mucho.
6. Juntos analizáis la lista de conductas erróneas anteriormente detallada y cada uno expone posibles mensajes o conductas que puedan dar lugar a la situación que estáis viviendo.
7. Y ahora… disfruta... Hagas lo que hagas, si partes de las premisas anteriores y la buena intención, estará genial! Será una oportunidad, un rato vuestro y poco a poco estarás mucho más cerca de él. Además no dudes de que el valorará los intentos por muy torpes que puedan parecerte.
Nota 1. Respuesta a una pregunta formulada por los asistentes en la Presentación de Educar sin varita mágica en el Espacio Santos Ochoa (18 de febrero de 2016).