miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Cómo puedo conseguir retener esa información en el tiempo? | Parte II

Puede que te interese entender cómo funciona nuestra memoria y la de los menores antes de leer este artículo. Si es así, pincha aquí.
La memoria funciona de forma muy similar a un músculo. Es difícil esperar ser muy fuertes si antes no entrenamos y es difícil tener buena memoria si antes no practicamos. A más entrenamiento más capacidad. No imparte desde donde partamos, esa norma se cumple en todos los casos.
Existen personas con una enorme capacidad de memoria innata, con memoria eidética, con dificultades de almacenamiento pero, exceptuando las patologías que afectan a la memoria como el Alzheimer, todos nos basamos en un mismo proceso de retención de memoria. Así que dejémonos de excusas y a entrenarla. Como si de deportistas se tratase, no todos podemos llegar a la élite ni necesitamos las mismas horas de entrenamiento para alcanzar ciertos objetivos pero, a nuestro nivel, todos podemos alcanzar importantes metas con el consiguiente esfuerzo. ¡Vamos allá!
Memorizar una información nos va a exigir activar nuestro cerebro, prestar la máxima atención y querer implicarnos en que esa información se quede en nuestras neuronas, es decir, lo que llamábamos la Santísima Trinidad de la Memoria. Además, para que esa información permanezca mucho tiempo necesitaremos recordarla periódicamente. La curva del olvido nos dice que, en pocos días, olvidaremos más de la mitad de lo aprendido si no lo repasamos. Recordemos igualmente que factores como el sueño o el estrés también afectan al proceso.

¿Que debemos hacer para memorizar?
Cada persona y cada información puede requerir un proceso específico que sea especialmente eficaz. Los hay más verbales y otros más visuales. Vamos a proponer un buen número de consejos útiles y prácticos de manera que cada uno pueda utilizar los que le resulten óptimos a su caso. Os aconsejamos probar los diferentes métodos para encontrar vuestra fórmula.
- Utiliza normas mnemotécnicas. Se trata de "trucos" que nos ayudan a retener conceptos más complejos. Ejemplos de normas mnemotécnicas son el uso de los nudillos para recordar la duración de los meses del año; o recordar el orden de los Planetas mediante la frase "Mi vieja tía marta jamás supo untar nada en el pan" (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y el "planeta" enano Plutón).
- Las personas con mayor memoria visual pueden recurrir al uso de colores a la hora de subrayar, elaborar esquemas o crear representaciones. Además, en ocasiones, es muy interesante convertir palabras en imágenes que nos faciliten su recuerdo. Por ejemplo, para recordar un experimento imaginar que lo estas llevando a cabo en un lugar concreto, paso a paso, puede resultar de gran ayuda.
- Uso de acrónimos. Utilizando las primeras letras de un conjunto de palabras podemos formas una palabra nueva que nos facilite la memorización. Por ejemplo, podemos recordar la Ley de Ohm acordándonos de nuestra prima Virginia y es que VIR es la Ley de Ohm V = I x R. Una variante utilizaría palabras enteras o partes de las mismas para formar frases con el mismo fin.
- Crea historias o teatrillos que te acompañen en el proceso. Si, por ejemplo, quieres recordar varios elementos puedes imaginártelos en las diferentes partes de tu casa en lugares precisos. Una variante concreta de este método es el método de los lugares o loci usado desde la antigua Grecia. En él simplemente eliges un camino bien conocido, por ejemplo el camino al cole o al trabajo, y en diferentes puntos del mismo ubicas las diferentes cosas a memorizar. Es crucial imaginarlo de la forma mas realista posible y recordarlo varias veces.
- Utiliza relaciones sencillas. Un par de ejemplos. Los Anticiclones corresponden a centros de Altas presiones mientras que las Borrascas a Bajas presiones. Las primeras letras se corresponden A con A y B con B. Para recordar el nombre científico del Laurel, Laurus nobilis, recuerdo que mi prima Laura fuma Nobel.
- La repetición puede ser un método muy eficaz de retención pero, contrariamente a lo que se suele pensar, no es suficiente con una repetición tipo papagayo. Requiere concentración y repetición en tiempos salteados a modo de repaso.

Lamentablemente no solo podemos vivir de los trucos en el proceso de memorización. Son muy útiles y nos van a ayudar muchísimo pero si me toca aprenderme los números en inglés no tengo mucha opción de vivir solo de trucos. Memorizar listados de palabras, temas completos, esquemas, etc. requiere nuevamente de nuestra Santísima Trinidad. Veamos:
  1. Activar. En primer lugar necesitamos simplificar y ser lo más efectivos posibles. Si nuestra capacidad de memoria es limitada evitemos gastar energías innecesariamente. Por ello es importante que eliminemos contenido irrelevante y demos un formato visualmente atractivo de forma que aprovechemos nuestra memoria visual además de la verbal. Es por eso que somos tan pesados con la realización de resúmenes y esquemas en los que se destaquen los aspectos claves y se elimine lo superfluo. 
  2. El resultado de esa ordenación y simplificación debe ser lo más coherente e intuitivo posible para el estudiante. Si no lo entiendo el esfuerzo va a ser infinitamente mayor. ¿Has probado a memorizar una palabra en árabe o chino?
  3. Atención. Cualquier intento de memorizar a "medio gas" va a resultar un fracaso. Es necesario acostumbrar a los menores y a su cerebro a que cuando van a memorizar debe ser con un esfuerzo importante. Si no están con ganas o capacidad es mejor que se dediquen a descansar, hacer ejercicios, esquemas o resúmenes que les obliguen a activarse sin tanto esfuerzo.
  4. Implicarse. Necesitamos que sea el propio estudiante el que ponga de su parte y no siempre es así. Padres o profesores que ponen toda su energía en "controlar" que estudie o memorice es probable que, pese a su buena intención, estén condenados al fracaso. Creemos que es mejor motivar, ayudar a establecer un plan eficaz o enseñar a memorizar que pelearse por mantenerlo en la silla. Establecer metas pequeñas, programar objetivos realistas, reforzar sus logros son estrategias inmensamente más eficaces.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Aprendiendo a memorizar | Parte I

Con unos 100.000 millones de neuronas, ¿cómo es posible que mi hijo no sea capaz de memorizar el verbo to be?, Se pasa horas en la habitación, ¿por qué luego suspende? La memoria es una de las funciones más complejas del cuerpo humano, aún a día de hoy es en gran parte un misterio para los humanos. Memoria a corto o largo plazo, memoria sensorial, memoria emocional... En este artículo no pretendemos descifrar estos misterios sino comprender su funcionamiento y forma de trabajarla en los menores (y porque no, en los mayores).
No pretendemos teorizar mucho sobre el proceso mental en sí pero resulta necesario asumir que, para que algo sea memorizado necesita tres requisitos indispensables, lo que llamamos la Santísima Trinidad de la Memoria:
  1. Activar el sistema.
  2. Atender.
  3. Implicarse personalmente en la memorización.
Pero, ¿qué significa eso?, ¿por qué son tan importantes esos pasos?, ¿son necesarios para que mi hijo memorice los ríos de la península? Evidentemente hay personas con más o menos capacidad para memorizar pero, esa diferencia, no justifica el fracaso o el éxito de la mayoría de casos. Todos hemos vivido fracasos en la preparación de un examen, hemos sufrido un "blancazo" o hemos sentido que perdíamos el tiempo estudiando. Por ejemplo, ¿cuantas veces hemos estado frente a un libro leyendo infinitas veces un párrafo que no hemos sido capaces de memorizar?. O, ¿cuantas veces hemos pedido a nuestro hijo que estudiase ese tema y, tras muchísimo tiempo dice "no se me queda"? 
Memorizar no es introducir información al cerebro como si se tratase de las cajas de una mudanza. Retener algo en nuestra memoria requiere querer hacerlo (Activar), mantener la concentración absoluta durante todo el proceso (Atención) y poner toda nuestra actitud en buscar la mejor forma de fijarlo en nuestro cerebro (Implicarse). 
Imaginemos que estamos hablando con nuestro hijo y no nos está haciendo caso. En ese momento le decimos "No me escuchas. Ni siquieras sabes de que te estoy hablando". En muchas ocasiones el menor es capaz de repetir la última frase que le hemos dicho dando a entender que si nos prestaba atención aunque las dos partes sabemos que en realidad no es cierto. Otro ejemplo puede ser el de memorizar un número de teléfono. Con apenas esfuerzo somos capaces de repetir un número de teléfono que nos dictan pero esa retención a penas dura escasos segundos en nuestro cerebro, después se desvanece, se evapora. Esto es lo que separa la memoria a corto plazo (unos 10 segundos), puntual, efímera, de la memoria a largo plazo, consistente y más estable. Nuestros hijos necesitan memorizar en esta segunda esfera de la memoria y eso va a requerir la santísima trilogía de la memoria: activar, atender e implicarse.

Memoria de hielo
Utilizaremos la analogía con la que intentamos explicar a los menores el proceso de memorizar en Educar sin varita mágica (#EducarLAB). Imaginemos un día caluroso en el que estamos sedientos. Alguien deposita un hielo en nuestra mano. Necesitamos que se derrita para poder beber el agua y a penas tenemos unos segundos para retener ese agua antes de que se deslice entre los dedos. Tenemos muchas formas de mantener ese agua para poder beberla una vez derretida pero necesitamos hacerlo pronto y pensar en un plan para retenerla. Si lo hacemos de una forma eficaz después podremos usarla para paliar nuestra sed. Entendemos que la memoria sufre un proceso parecido. El objetivo es retener esos conocimientos en nuestra memoria a largo plazo. Me llega la información, sea porque me la dictan, la leo o la escucho. Tengo unos segundos para almacenarla antes de que se derrita. Puedo repetirla mil veces, puedo escribirla y probar que la recuerdo, puedo utilizar relaciones, acrónimos, normas mnemotécnicas... cada ocasión y persona puede requerir un método diferente pero, sin duda, necesitamos un plan para que no se escape entre nuestros dedos, entre nuestras neuronas. Solo si somos capaces de guardarla bien podremos beberla cuando lo necesitemos.

La memoria es un proceso básico en el aprendizaje y en la supervivencia. No se trata de memorizar como si de un disco duro se tratase sino de retener datos útiles y consistentes que formen unas redes neuronales fiables de forma que nos permitan alcanzar las metas esperadas. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Estrategias para padres | Define sus límites


Despierto en un mundo sin límites. No hay nada que marque hasta dónde puedo llegar, no sé que es positivo o negativo, que es respetado y valorado y que será juzgado. Caminaré durante el día sobre un camino sin normas en mi cabeza, pero ese camino discurre por una realidad sujeta a peligros, críticas y necesidad de esfuerzo.
Pensamientos en un mundo sin límites | Educar sin varita mágica

Definir unos límites en el comportamiento de un menor es básico para convivir en armonía así como para ayudarle en su desarrollo personal y social. Todos necesitamos límites.
El ritmo de vida actual nos lleva a funcionar de forma permisiva y poco paciente. Los límites son obligaciones para todos. Tendemos a confundir límite con distancia emocional, es decir, si paso poco tiempo con mi hijo siento la necesidad de permitirle todo para asegurar que mi hijo me quiera. Esto es un error. Al no poner límites transmito a mi hijo inestabilidad e irrealidad y, posiblemente, que no le quiero lo suficiente para esforzarme por él. Marcar límites define el camino correcto de educar y querer a tu hijo.

¿Qué entendemos por límites en la educación de un menor?
Se trata de la estrecha línea que separa lo correcto de lo no admitido. Los menores, como parte de su proceso madurativo y de su adaptación al mundo, van a explorar los límites a su alrededor. De pequeños andamos, corremos o nos subimos a artilugios hasta que comprobamos, normalmente a base de golpes, que no podemos hacer eso, que si intentamos correr a esa velocidad nos caeremos, que hacer ese tipo de equilibrios nos supone, probablemente, un doloroso golpe, etc. Es decir, buscamos los límites para saber qué y en qué condiciones podemos hacer las cosas, de esta forma encontramos unos límites que nos proporcionan seguridad y nos ayudan a sentir cómodos y adaptados al entorno.
Exactamente igual que ocurre con los límites físicos ocurre con los conductuales. Buscamos ir más allá y necesitamos encontrar un final, un tope, una norma que nos permita sentirnos seguros. La advertencia de lo aconsejado, la meta de llegada, la cuerda que sujeta, el fuego que quema, la goma de saltar de nuestra infancia, la línea que separa las baldosas, la delgada línea roja…

Empatiza con tus hijos:
¿Quién no ha soñado con saltar los límites alguna vez? O simplemente ha deseado lo prohibido… ¡Ponte en su lugar!. Eres joven, sientes la necesidad de probar cosas, de llamar la atención o de mostrarte ante los demás. ¿Eres capaz de empatizar con tu hijo? De no ser así, prueba con la siguiente idea:
Haz una lista mental de cuatro límites que desearías eliminar en tu vida. ¿Qué emoción te produce la simple idea de poderlos saltar? Ahora bien… ¿Qué consecuencias podrían provocar?
Esa es la idea que necesitamos transmitir a nuestros hijos. ¡Existe una razón más grande y fuerte que todas las demás. Los límites están y sirven para evitar consecuencias negativas! Esa es la parte que cuesta más, entender las consecuencias y la necesidad de interpretar bien los límites.

Explícaselo así:
“Hijo, a mi me encantaría hacer siempre lo que yo quiero, desearía que no hubiera normas y poder saltar cada límite, TE ENTIENDO,  pero no se trata de una OPCIÓN, sino de una orden que he de dar a mi mente para no generar consecuencias negativas”.
A veces nos cuesta creerlo pero los menores entienden el concepto de límite y de consecuencia. Simplemente están en fase de aprendizaje y, como nosotros, son tozudos. Están aprendiendo a vivir y solo necesitan tu ayuda.
Dos ejemplos muy diferentes de lo que ellos entienden por límite en función de lo que sus padres les transmiten:
. María (8 años) “Son instrucciones para saber que tengo que hacer. Lo utilizan mis padres para enseñarme a hacerlo bien”.
. Marcos (14 años) “Creo que mi madre no me quiere, no me pone ningún límite, supongo que o no sabe o le da igual que lo haga mal”.

Empatizo conmigo como padre:
Conocer este tipo de conceptos me ayuda a educar a mi hijo pero no me asegura la perfección. Aprender cómo he de hacerlo me acerca a crear las pautas adecuadas y de la mejor forma posible.  El secreto esté en saber que es lo correcto e INTENTARLO con  esfuerzo y perseverancia. 

Lamentablemente las situaciones de la vida no siempre son las ideales y, cumplir con los puntos anteriores se torna en una tarea más compleja.  Os proponemos reflexionar sobre circunstancias que vivimos en nuestro día a día y que influyen directamente en las pautas ideales. Son las siguientes:
     . Mantengo con mi jefe una conversación muy tensa.
          Si en ese instante me habla mi hijo, ¿puedo hablar a mi hijo calmado con voz suave?
     . Observo como hijo intenta hacer daño a otro niño.
          ¿Puedo trasmitirle comprensión en todo momento?
     . Mi compañero desmonta mi trabajo sin razón alguna.
          ¿Puedo  explicarle el por qué de las injusticias y enseñarle a aceptar?
     . Estoy en mitad de un supermercado.
          ¿Puedo ignorar cada llamada de atención negativa?
     . Tengo mil cosas que hacer y llego tarde a todo.
          ¿Puedo reforzar cada conducta positiva en su justa medida?
     . Termino de trabajar a las 20.00, veo a mis hijos dos horas al día.
          ¿Puedo plantearle las consecuencias totalmente coherentes a sus hechos?
     . Estoy muy irascible porque mi madre está enferma.
          ¿Puedo evaluar su estado de ánimo y regularlo junto a él?
     . Tengo que ir a comprar, al médico, extra escolares…
          ¿Puedo jugar cada día con él?
     . El día está lleno de normas y mi hijo ya ha incumplido seis antes de desayunar.
          ¿Puedo enseñarle a respetar y cumplir cada norma?
     . Discuto con mi pareja porque le ha dado a nuestro hijo algo que le habíamos prohibido.
          ¿Puedo ser un modelo correcto?

¡No te machaques, esfuérzate! No se trata de cumplir cada instrucción a la perfección, nuestros días crean diferentes circunstancias, manejar cada una y obligarnos a cumplir todo a raja tabla supondrá en nosotros una tensión tan elevada que se convertirá en algo contra producente.  El simple hecho de conocer que he de hacer e intentarlo asegura un mejor funcionamiento y una educación adecuada.

¿Cómo aplico los límites?
1.    Objetividad. Define unas normas claras y concretas. Un límite bien especificado, con frases cortas y órdenes precisas, suele ser más sencillo para un niño.
Incorrecto: Siempre estás gritando
Correcto: Hay que hablar bajito en la biblioteca.
2.   Existen obligaciones. Marcamos claramente cuál es el límite, no se lo preguntamos ni planteamos como opción, esto solo le puede llevar a confusión.
Incorrecto: ¿No crees que deberías no insultar a tu hermana?
Correcto: Tienes que hablar adecuadamente a tu hermana, los insultos están prohibidos.
3.   Firmeza y seguridad. No titubees, permítete equivocarte. Dar muchas vueltas a los límites en presencia de tus hijos solo les aportará dudas sobre la importancia o seguridad que tú trasmites.
Incorrecto: Si no te duchas no se qué voy hacer, pero no te va a gustar
Correcto: Después de entrenar te tienes que duchar, si pospones la ducha  perderás tu tiempo de música.
4.   Refuerza lo positivo. De poco sirve enfadarse antes de tiempo. Anticipar que no lo va hacer solo me ayuda a desconfiar, a irritarme y hablar incorrectamente. Confía en la posibilidad aunque tu experiencia te recuerde que es muy pequeña. Exprésale los límites con esperanza.
Incorrecto: A ver si hoy recoges tu cuarto por fin.
Correcto: Cuando estés terminando de recoger tu cuarto me avisas para que te ayude a colgar esa ropa que el cajón está muy alto.
5.   Explicar el porqué. Los límites se explican la primera vez que aparece y, de ser necesario, nuevamente si de verdad creemos que lo ha olvidado. En las siguientes ocasiones, recondúcele con pistas sin necesidad de explicación.
Incorrecto: Tienes que hacer los deberes antes de jugar porque sí.
Correcto: Los deberes se hacen antes de jugar para que nuestro cerebro esté fresco y con mucha fuerza (Además será un aliciente para él terminarlos pronto y poder jugar sin responsabilidades pendientes).
6.   Sugiere una alternativa. Cuando apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable. La alternativa ha de ser una alternativa positiva.
Incorrecto: No puedes jugar con los palos.
Correcto: No puedes jugar con los palos, puedes coger tus juguetes que tanto te divierten.
7.   Rutinas. Cuando acostumbras a cumplir un mismo limite todos los días, deja de ser una norma para convertirse en una rutina.
Incorrecto: Hoy tienes que ducharte después de cenar.
Correcto: Hoy toca lo de todos los días, cena y ducha.
8.   Desapruebo la conducta, no al niño. Al hablar no somos consientes del daño implícito de nuestro mensaje. No es igual decir que torpe soy a se me ha caído la taza. Los mensajes que recibimos terminan definiendo el concepto de nosotros mismos.
Incorrecto: No puedes ser agresivo con tu hermana.
Correcto: Tienes que tratar bien a tu hermana, no vamos a permitirte que le pegues o insultes.
9.   Controla las emociones. Posiblemente sea el punto más difícil de ejecutar. Gestionar nuestras emociones resulta complicado cuando vamos muy rápido y  las circunstancias no son favorables. Aún así podemos hacer un esfuerzo. Si creamos previamente los límites, no erraremos en su intensidad o consecuencias. Cuando sabemos cuáles son las normas es más sencillo no dejarnos manipular por mi emoción actual. 
Incorrecto: (Estoy cabreado) Vas a estar un año sin jugar.
Correcto: (Estoy cabreado) Ya conoces tú consecuencia por esto.

Definir los límites para nuestro hijo es una tarea que no es bueno improvisar. Para evitarlo te proponemos la siguiente estrategia:

Estrategia propuesta: Mis límites.
Crea una lista en papel con los límites que consideras necesarios y ve apuntando otra lista en sucio con aquellos que consideres secundarios. Al lado de cada norma o límite que consideres que ha de cumplir tu hijo, coloca una posible consecuencia para regular correctamente su gravedad. Con forme automatice e introduzca cada limite en su rutina ve aportando a tu lista de prioritarias los límites secundarios.

Ejemplo.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

¿Cómo enseñar cuando no quieren aprender? | Contestando preguntas


Explicación: Los niños nacen motivados para el aprendizaje. Es un instinto natural. Explorar el entorno, experimentar con lo que tienen a su alcance y afianzar conocimientos. Está ampliamente demostrado que descubrir y conocer produce en ellos un sentimiento de placer.

Igualmente es cierto que existen diferentes aspectos que entorpecen el deseo de continuar con ese anhelo de ampliar fronteras: la falta de cariño, la inseguridad, distorsiones en las recompensas, falta de normas, desatención, el tiempo, las limitaciones, etc. Todos ellos son factores que actúan como piedras dañinas en el camino del aprendizaje.

Objetivo: Conseguir que aprendan a pesar de las posibles dificultades personales o circustanciales.

Estrategia: Existen áreas, nosotros las llamamos "cajitas", que son indispensables en nuestra vida. En el proceso de aprender, con una alta probabilidad, alguna de estas cajitas puede estropearse. A veces esa cajitas resultan indispensables y sin reconstruirla no podemos aprender, otras veces podemos resistir con una cajita estropeada, pero será un riesgo para cuando se nos estropee otra. El truco será intentar descubrir cuales son esas cajitas, como de cuidadas las tengo, saber si debo trabajar por mejorarlas y con que intensidad. Y si dudas de sí está o no estropeada, ¡Tranquilo! No conocemos ninguna caja que no esté encantada de que la cuides un poco, son muy agradecidas.
  • Cajita de autoestima. La autoestima ha podido ser dañada cuando el niño se ha sentido incapaz o cuando ha fallado varias veces. En ocasiones el propio proceso de apredizaje ha sido complicado, ha sufrido o no ha se ha sentido lo sufientemente animado o reforzado para el esfuerzo realizado. Otras veces es su propia mente la que es capaz de hundir su amor propio a través de mensajes negativos. ¿Cómo podemos arreglar esa cajita? Conviertete en su entrenador personal, crea junto a él un cartel con auto instruciones positivas, valora con tu atención y cariño sus logros. Una opción concreta podría ser meter papelitos juntos en una bolsa. En cada papel escribirá recuerdos de cosas que consiguió, momentos en los que ha sido feliz, objetivos pequeñitos que cree que puede conseguir y cada progreso que vaya apreciando en su aprendizaje. Al día puede coger hasta tres papelitos y durante unos minutos recordar o pensar en ellos. Servirán como refuerzo para aquellos momentos en los que se sienta un poco más desanimado (ver más sobre autoestima en menores).
  • Cajita de motivación. La motivación se ve afectada cuando no conseguimos lo que nos proponemos, cuando no logramos lo que deseamos y nos sentimos frustrados ante los intentos o el esfuerzo no recompensado. ¿Cómo podemos mejorar la cajita de la motivación? Define cada pasito en su camino, intenta crear junto a él objetivos reales, pequeños, muy pequeños, lo más factibles posibles. Al principio busca objetivos que sen muy posibles de conseguir. Dibújalos o escríbelos en grande y colócalos en un sitio visible. Define junto a él tres estrategias para conseguir esos objetivos y una recompensa negociada para cuando lo consiga (ver más sobre motivación en menores).
  • Cajita de seguridad. La seguridad se daña tras cometer errores, cuando uno no se valora o se cree incapaz de alcanzar metas. A veces la estropeamos por no saber cómo actuar o por exigirnos la perfeccióna nosotros mismos. ¿Cómo podemos arreglar la cajita de la seguridad? Crea un esquema en el que pueda apoyarse. Sin hacer o decirle que hacer, actúa como puente, acompáñale en el aprendizaje pero deja que sea él quien luche. Organiza cada actividad como un reto, crea pautas y trucos junto a él, plantéale preguntas para descubrir cómo conseguirlo. Házle protagonista de su camino yendo a su lado.
  • Cajita del éxito. Carecemos de sentimiento de éxito cuando creemos que no hemos conseguido nada, nos exigimos retos demasiado grandes, al no valorarnos adecuadamente, etc. ¿Cómo podemos arreglar esa cajita? Enséñale a medir los éxitos de forma coherente a sus capacidades. Podemos crear juntos un metro (que marque desde un metro hasta los diez metros), que mida la longitud-valor de cada reto que se proponga. Plantea cuantos metros ha de conseguir superar para lograr lo que desea. Ejemplo, hacer dos problemas de matemáticas correctamente, es posible que en este momento sea un objetivo muy complicado y para ello requiera superar 8 metros. Si lo consigue ha de sentirse super éxitoso, pero en el caso de conseguir un problema correcto lograré 6 metros, de lo cual también se sentirá muy feliz por lo logrado. El metro actuará de representación lógica y más visible para él y podrá apreciar de forma realista sus avances.

Nota 1. Respuesta a una pregunta formulada por los asistentes en la Presentación de Educar sin varita mágica en el Espacio Santos Ochoa (18 de febrero de 2016). 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Me está escuchando?


¿Cuántas veces repetimos las mismas instrucciones? "¿Es qué no me has oído?", "¿Pero es qué no me escuchas?" o "¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?". Vamos a hacer un spoiler de la entrada contestando esta última pregunta: Una sola vez
Imaginad que os piden que os deis un doloroso pellizco en el mulso. Sabéis que no lo queréis hacer y que va a doler. Ahora imaginad que vuestros padres os permiten estar viendo la TV hasta el momento del pellizco. En un momento determinado os llaman vuestros padres:
- Héctor, deja de ver la TV y ven a darte ese pellizco.
¿Qué hará mi hijo? 
De primeras está claro. Evitamos el pellizco y encima nos quedamos viendo los dibujos. Doble premio. Nos vuelven a avisar. Reaccionamos igual. Cuantas veces. Hasta que nos dan un chillo o un castigo que nos hace suponer que el ver la tele y evitar el pellizco ya no va a salir a cuenta.
Consecuencia de esta forma de proceder. Cenas frías, más horas de televisión o consola, deberes sin hacer, llegar tarde... pero, sobretodo, cabreos y mal genio por todas partes y una espiral que conlleva más repeticiones, menos caso, más rebeldía, menos armonía. En definitiva, un panorama cada vez más desagradable.

¿Cómo evito o corto con esta espiral? 
Necesitamos sentarnos, plantearnos nuestra forma de proceder en esos casos y, sobretodo, ser muy constantes. En un primer momento sentaremos una serie de bases sobre las que construir todo.
  1. No voy a chillar ni insultar. Necesito hacerlo bien para poder pedirle lo mismo a él.
  2. Las cosas solo se dicen una vez (excepto en casos muy puntuales o especiales). Al principio puedo comenzar permitiendo dos avisos. En poco tiempo pasaré a uno solo.
  3. Rápidamente al tercer aviso en un principio seré consecuencte, sin dudar ni dar más oportunidades. Las escusas jugarán en tu contra.
  4. Cuando se de la instrucción trataremos de ser firmes, tranquilos, procurar mirarle a los ojos y, si es posible, a su misma altura visual.
  5. Haré caso al menor para que no tenga que llamar la atención de forma negativa.
  6. Reforzaré y/o premiaré cada vez que haga caso a la primera. "Qué gusto que vengas tan pronto", "Así da gusto". No es justo que acudir al primer aviso suponga agravios como ver menos tiempo la TV. Por eso, premia su buen comportamiento con algo de tiempo libre o compartiendo el tuyo propio con él de la forma más constructiva que se te ocurra.
  7. Como solo voy a dar las instrucciones una sola vez, verbalízala en el momento óptimo. Si me adelanto sin motivo estaré enviándole un mensaje negativo ante la puntualidad.
Todas estas pautas son muy importantes al principio. Con el tiempo la dinámica se irá integrando en su conducta y todo será más sencillo e intuitivo. En esta entrada anterior ofrecíamos algo más de información a este respecto.

Genial, ¿y si todo esto no funciona y no me hace caso?
Lo primero que debemos recordar es las pautas anteriores. No son negociables si queremos que funcione. Ahora bien, le hemos dado una instrucción y no hace caso. Igual que cuando reacciona de forma correcta le damos una consecuencia positiva (más tiempo libre, más juegos, más momentos compartidos, etc.), cuando no hace caso necesita una consecuencia negativa que le haga entender de qué forma es mejor que haga las cosas y de cual no. Si  los menores no saben cuando deben hacer o no algo se sentirán perdidos, desorientados e inseguros. Los menores, como los adultos, necesitamos saber en que márgenes nos movemos para sentirnos protegidos.

¿Cómo lo hago?, ¿cómo actúo?
  1. Informo a mi hijo de que vamos a empezar a actuar de una forma diferente. Quizá al principio le cueste porque le hemos acostumbrado mal y es error nuestro. Estamos convencidos de que el cambio es a mejor y vamos a cumplirlo.
  2. Explicamos que, desde este mismo momento, las cosas solo se dicen una vez. No valen los chillos ni las discusiones. Si valen las preguntas, los debates y los errores bien intencionados.
  3. Cuando se pida una cosa y se haga caso a la primera se obtendrá un premio. Necesitáis definir claramente ese premio. Por ejemplo, cinco minutos más de juego en el parque el día siguiente.
  4. Cuando se haga caso a la primera aunque se demore un poco, por ejemplo hasta un minuto, en cumplirlo no habrá consecuencias ni positivas ni negativas.
  5. Cuando no se haga caso a la primera o se demore más de un minuto su cumplimiento tendrá cinco minutos menos de parque, siguiendo el mismo ejemplo de antes, y si, pasado un buen rato, sigue sin hacer caso, se eliminará la diversión (apagar la TV, recoger la consola o requisar el móvil o la tablet), por un tiempo proporcional al incumplimiento de la orden.
Podemos ser más benévolos o estrictos pero, lo uno o lo otro, se fija a la hora de establecer las nuevas condiciones sobre nuestra forma de actuar, nunca en el momento o a la hora de establecer consecuencias. Frases como "Pobrecito", "Es que me da penita que se vaya antes" hay que planteárselas a la hora de establecer esas consecuencias y no en el momento de establecerlas o cumplirlas. De hacerlo así le confundiremos más e incrementaremos sus ganas de encontrar esos límites que le estamos haciendo difusos.

¿Mi pareja/Mis padres/Mis suegros.. no funcionan de la misma forma y eso lo complica todo?
Es una verdad absoluta. Eso hace que sea mucho más difícil enseñar a nuestro hijo como comportarse para que su vida sea mejor. Solo nos quedan dos opciones. Tratar de mostrar ese camino más armónico a quien no lo sigue y, si esto no funciona, solo nos queda seguir con nuestro propósito y no desesperar. Nos costará más tiempo pero, os aseguramos que, en un tiempo veréis al menor respetando vuestras normas a la primera (al menos casi siempre) mientras que no lo hacen con esas otras personas. Son muy listos y saben que cada persona y ambiente exige un comportamiento y van a aprender a que con Pepito se hace caso a la primera y con Manolito a la décima o hasta que llegue el chillo.

UNA CURIOSIDAD
La memoria auditiva es capaz de retener la información que llega a nuestros oídos desde los 2 hasta los 20 segundos (tal y como ha descubierto Neisser). Tenemos ese tiempo para decidir si lo que nos ha entrado por el oído se recoge y procesa y, por el contrario, dejamos que se evapore. Así que cuando tu pareja está viendo el fútbol, tu alumno en la luna de Valencia o tu hijo juega a la consola sin hacerte ni caso y tú le dices ”¡Ni siquiera me estás escuchando!” él va a ser capaz de repetir lo último que le has dicho aunque no sepa ni de que habla. A ti se te quedará cara de tonto y no podrás quejarte de que te hayan callado la boca o porque esta vez si que te estaban escuchando, es su maldita memoria a corto plazo ecoica que te ha jugado una mala pasada. La próxima vez recuérdalo y espera 20 segundos a preguntarle si te estaba escuchando.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Dicen adiós los niños? | Consejos para padres


Explicación: El dolor por la pérdida de un ser querido se siente a cualquier edad, también en la infancia. Resulta complicado ayudar a los niños/as y jóvenes a afrontar la muerte cuando llega cerca y, a veces equivocadamente, padres y adultos tienden a evitar mostrar sus sentimientos ante ellos. Para los adultos es complicado aceptar y gestionar que alguien con quien vivían dejará de existir. En el caso de los niños es muy parecido.
Las diferencias en la comprensión del concepto "muerte" existen. Hacia los cuatro o cinco años comienzan a usar términos como: vida, vivir, estar vivo, muerte o morir. Hacia los ocho o nueve años suelen pensar que juguetes, dibujos o piedras, tienen “vida” y que la muerte es algo pasajero. El concepto de tiempo también tiene una medida distinta; mañana, pasado mañana o para siempre, se mezclan entre realidad y fantasía antes de llegar a adultos.
La clave para entender su visión de este proceso es la imaginación. Ellos son capaces de crear y comprender todo, incluso mejor que los adultos. A partir de los 8 años comprenden el término pero eso no significa que continue resultando igual de complicado aceptar la muerte, de la misma forma que nos ocurre a los adultos.
A cualquier edad entender lo que sucede y vivirlo va a ser muy diferente en función de la persona o personita concreta. En función de nuestra etapa vital, la relación con el difunto o nuestra personalidad lo afrontaremos desde un prisma único, el nuestro. Aún con todo hay algo que nunca cambia y es que nuestro hijo debe sentirse participe del proceso. No es tonto y sabe lo que ocurre, por eso necesita que el resto lo consideren así. Y, además, debemos gestionarlo de forma natural, aceptando la tristeza y ofreciendo una visión con cariño.

Objetivo: Ayudar al menor a aceptar y gestionar correctamente la pérdida de un ser querido (incluídos animales).

Pautas.
  • Tratemos de ser lo más sinceros posibles con ellos. Sin ahondar en detalles, pero no dar falsas esperanzas ni verdades a medias. Cómo los adultos los niños necesitan tiempo para la gestión emocional.
  • Es importante que vivan el proceso, desde la forma más positiva posible. Realizar visitas al hospital para leer o jugar un rato, para darle un beso o un abrazo a esa persona son algunas posibles opciones que normalicen la situación.
  • Oriéntale en función al estado de la enfermedad. Utiliza cuentos o historias bonitas (al final de la presente entrada os proponemos algunas opciones).
  • La información debe llegar al menor siempre por la persona que él sienta más cercana.
  • Evitar que participen en el duelo familiar es apartarles de una situación adaptativa en su vida no solo para el momento actual, también para el futuro.
  • Los mayores deben reconocer que ellos también sufren la pérdida. No se lo ocultes, ¡es imposible evitarles el dolor que sienten!.
  • No hay que olvidar, para no angustiarse, que el niño/a o adolescente, igual que los adultos, tardará cierto tiempo en procesar su duelo durante el que irá enfrentándose paso a paso con su dolor.
  • Hablar sobre la muerte con los niños acerca al menor a gestionar el proceso.
  • Hay que contestar a sus preguntas. Si se desconocen ciertas respuestas, trata de resolverlas junto a él o simplemente reconoce tu desconocimiento.
  • Puede ayudar darles protagonismo, hablar de su relación y encontrar el vínculo especial con la persona. Recordar un recuerdo especial del menor con la persona o de la relación entre el menor y el difunto. Cuidado de no sobreproteger generando un falso rol en el menor.
  • Utilizar siempre un lenguaje adaptado a los niños, tanto en vocabulario cómo en el tono o trato. 
  • Hablar de la persona difunta con el menor, contarle como era y cómo vivía. 
Existen aspectos que nos pueden llevar a errar cuando hablamos de la muerte con un menor. Es positivo tener en cuenta al informar: 
  • La muerte es universal. Deben comprender que todos nos vamos a morir, pero que es excepcional en personas jóvenes. Es importante que el niño o el adolescente acepte la realidad pero que no conviva con el miedo constante.
  • La muerte es irreversible. La metáfora del viaje puede hacer que se queden esperando, utilizar la imaginación para crear un lugar puede dar seguridad en el menor pero siempre explicando parte de realidad.
  • El siempre te querrá. Que el menor se quede con sensación una sensación positiva ayuda a gestionar el proceso.
  • Los sentimientos no se esconden. Pueden  manifestar su tristeza en forma de rabia o enfados, por eso es muy importante hablar con ellos, escucharles y explicarles lo que tu sientes. 
Estrategia: El cofre del abuelo y Juan.
  • Buscad una caja de cartón.
  • Coged papeles, cartulinas, pinturas, pegatinas y cualquier material reciclado para decorar y crear el cofre. Es muy importante que créeis el cofre juntos.
  • Introducid los siguientes objetos (si disponéis de ellos): una foto, algo que te recuerde a él y algo que le desees regalar. 
  • Meted un peluche o muñeco que poder abrazar, besar o hablar. Cada abrazo que le de será un abrazo directo para la persona.
  • Introducid un cuaderno y escribid una carta de despedida. En ella le explicaré al menor que a partir de ese momento podrá escribir cada vez que necesite contarle algo o explicarle lo que le echa de menos.
El cofre se convertirá en un lugar al que acudir cuando el menor se acuerde de la persona difunta. Servirá para poder abrazar cuando lo necesite y para poder seguir llenando el cofre de cartas cada vez que desee volver hablar. Será una forma de recordar y de canalizar sus emociones ante esa muerte.


Material complementario:
  • Cuentos para trabajar el duelo con los más pequeños.
  • Libros para trabajar el duelo con adolescentes y mayores.

Ver más sobre los miedos de los menores en el Capítulo 20 de Educar sin varita mágica y en el siguiente enlace.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Soluciones ante bloqueos | Puentes

 ¿Qué son los bloqueos?
El bloqueo cerebral es mucho más corriente de lo que imaginamos. De hecho, cuando se trata de casos esporádicos, debemos asumir que es algo absolutamente normal que no requiere de ninguna atención excepcional, excepto cuando podruce una sensación de malestar muy importante o demasiado frecuente para poder desarrollar nuestra vida con normalidad.
Un bloqueo aparece cuando un cerebro sano se encuentra ante una situación que provoca un  intenso choque entre sus capacidades reales y exigencias del medio. Los bloqueos pueden ser ocasionados por pensamientos (por ejemplo miedo al fracaso) o por emociones (cuando nos encontramos al chico o chica que tanto nos gusta). "Siento que mi mente está bloqueada", "No me salen las palabras", "Me he quedado en blanco"... algo así como cuando un ordenador se bloquea. Sabemos que está encendido pero no responde. Nuestro cerebro trata de protegernos de una amenaza que cree puede hacernos daño pero lo hace mal, escondiéndose en lugar de afrontando la situación u ofreciéndole soluciones.
Realmente se trata de la falta de comunicación entre los dos hemisferios. El desajuste aparece por la pobreza de la función visual que bloquea totalmente el ojo derecho, que debería ser su ojo dominante. Imagínate un “sistema nervioso” en el que el oído que nos dirige es el derecho mientras que el ojo dominante el izquierdo. La información de ambos lados de nuestro cerebro queda aislada y lo que nos dice un oído no encuentra a la información que percibe el ojo. De esta forma nuestro cerebro está confuso y no es capaz de mandar mensajes claros a nuestras manos.

Afectan los bloqueos a mi hijo
Puede parecer que los bloqueos mentales son algo poco frecuente que no sucede a mi hijo. Pues no es así. Todos sufrimos bloqueos mentales, más veces o menos, o de mayor o menor grado. ¿Cuándo podemos encontrar esos bloqueos en nuestro hijo?
  • En momentos de tensión
  • Al preguntarle la lección
  • En exámenes  
  • Hablando en público
  • Por falta de control en una situación
  • En situaciones nuevas
  • Ante un exceso de información
  • En situaciones que le generan vergüenza 
  • Sin razón aparente
Básicamente en los momentos de bloqueo nos encontramos como ese perro al que le lanzan el palo al río y merodea la orilla sin atreverse a dar el paso a lanzarse al agua. Necesita su tiempo, ánimos, que yo me lance con él. Lo mismo ocurre cuando nosotros estamos a punto de cruzar un río. Necesitamos tiempo para asuir que podemos, o valor para mojarnos o que alguien nos apoye o coloque una piedra para avanzar y poder vadearlo.

¿Qué hago cuando siento o veo que mi hijo o alumno se bloquea?
Cuando el menor sufre un bloqueo, se desajusta la unión que le permite acceder a la siguiente información dentro de su cabeza. Se encuentra atorado, perdido. Necesita un camino, unas cuerdas de las que agarrarse o un empujón para conseguir avanzar. Si le proporcionamos esa pequeña ayuda podrá proseguir y ofrecer la información que realmente posee pero no está encontrando. Para ello es importante crear puentes que le permitan dar un paso para cruzar ese río que hasta el momento parece insalvable. Facilitarles las pistas necesarias que le permitan continuar con su camino. 

Para ayudarles en el desbloqueo puedo:
  • Continuar parte de la frase que han dejado a medias.
  • Realizar preguntas cortas.
  • Ayudarle a respirar.
  • Darle tiempo.
  • Gestionarle con pistas concretas.
  • Ofrecerle opciones.
  • Animarle sin prisa.
  • Ofrecerle confianza, quitando importancia.
  • Darle palabras que le ayuden a seguir
Podemos entender que el menor debe lidiar para enfrentarse al bloqueo puesto que si no aprende no será capaz de resolverlos por si mismo en el futuro. Esa afirmación encierra cierta realidad y es que debemos evitar sobreproteger al menor y necesita exponerse a situaciones poco cómodas para él en la vida. Igualmente puede ser positivo dejar que se enfrente al bloqueo pero, en ciertos momentos, el abandonarlo ante él lo único que hará es incrementar sus miedos, su anisedad y su sensación de vulnerabilidad. Encontrar ese equilibrio no es sencillo pero solo si concoemos que se siente en la orilla y dentro del agua seremos capaces de ofrecerle puentes cuando realmente los necesita.

¿Problema u oportunidad?
Aunque evidentemente todos enfocaremos un bloqueo como un problema podemos entenderlo igualemnte como una señal de que algo no funciona. Si noto una cierta molestia en la garganta podré entender dicho incomodidad como una señal para cuidarla, tomar miel o limón, no gritar, etc. Es decir, pese a lo incómodo del dolor de gargante podrá ser algo positivo si lo interpreto correctamente y evito una afonía o unas anginas posteriores. Si en cambio hago caso omiso no solo será incómodo primero sino que se tornará en una dificultad después. En el caso de los bloqueos sería positivo entenderlo de igual forma. Ante el primer bloqueo debemos buscar, o ayudar a buscar al menor, soluciones para evitar que cada día tengamos más miedo a los bloqueos, aumente nuestra ansiedad y baje exponencialmente nuestra autoestima. Cada caso y persona requerirá de unas pautas concretas. Por ejemplo, los conocidos bloqueos en los examenes nos están avisando de una mala preparación, un exceso de responsabilidad o un escaso control de la ansiedad. Si comenzamos a trabajarlos conseguiros mejoras claras. De no hacerlo nos encontraremos con "blancazos en los examenes", "ansiedad", baja autoestima o miedos patológicos a los examenes.