miércoles, 1 de marzo de 2017

Papás... ¿y ahora qué hacemos?


Anticipar mi día consiste simplemente en decidir que haré a lo largo de la jornada. Lo hacemos constantemente, puede que a penas sin darnos cuenta cuando estamos en la ducha organizando los recados, puede que sea con tu pareja en el desayuno mientras planificáis horas y actividades. Algunos lo hacen de forma casi inconsciente mientras que otros utilizan una agenda en la que detallan cada momento. Sea como fuere, los adultos necesitamos tener mínimamente controlada nuestra vida, cualquier persona incluso la más flexible y desestructurada requiere al menos de dos ocasiones a lo largo del día para pensar en lo que hará poco después o al día siguiente.

Pues bien, los niños tienen la misma necesidad. La diferencia estriba en que, además de requerir de ese relativo orden, ellos dependen de que una segunda persona sea quien ordene su día a día. Aunque a veces no queramos verlo, la libertad absoluta no nos gusta, ni a nosotros ni a ellos. Los seres humanos necesitamos, todos, seguridad, confianza y armonía, aspectos poco compatibles con la incertidumbre. Plantéate que sería de un día cualquiera en el que no sepas que tienes que hacer, dónde vas a ir o con quién vas a estar. ¿Notas los nervios? A los más pequeños les pasa lo mismo.

Por eso, a veces nos aburren con preguntas como ¿ahora a dónde vamos?, ¿qué hacemos ahora? ¿y después que vamos hacer?. Son dudas completamente lógicas, solo buscan ese control que todos demandamos y tratan de encontrar respuestas de una forma más insistente y torpe que los adultos. El no saber, el desconocimiento, genera miedo, nervios o frustración que pueden ser origen de discusiones, provocar dolores, les lleva a evitar situaciones, rechazar a los demás, etc.

Grandes maestras, las profesoras de infantil, definen la estructura de sus días en la asamblea de Buenos días. En dicha asamblea recuerdan lo que ocurrió el día anterior, evalúan como los alumnos se sienten en ese momento, planifican el día (programación de actividades generales, sin concretar, crean una estructura) y realizan una asamblea final (comprueban si queda algo pendiente de resolver o algo importante que decir). Saben que esa dinámica proporciona seguridad a esas cabecitas inseguras pero ávidas de aprender y descubrir, o lo que es lo mismo, les ofrecen la tranquilidad y estructura que necesitan para que puedan sentirse cómodos y funcionar mejor.

Hasta los cinco años, la mayoría de niños funcionan así de lunes a viernes. La cosa parece ir bien. Pero, de repente, una mañana, sin que nadie te avise, llega primero de primaria. ¡Vaya! Mesas grandes, hojas y a escribir. Ya no existen asambleas, ni mi profesora me dirá que haremos a lo largo del día pero, ¡Tranquilo, porque aparece en mi vida el horario!!! En él tengo, una tras otra, las horas de la mañana y qué trabajaremos en cada una de ellas. ¡Bien! Algo de control, ya puedo respirar.

¿Os habéis preguntado cuantas veces miran el horario al día los niños en clase?. Posiblemente no menos de 6. Unas veces porque desean simplemente que termine la mañana, otras porque quieren que llegue su asignatura favorita pero, en la mayoría de ocasiones, simplemente porque es su línea de seguridad, su flotador mental. 

Entonces, si es tan importante por la mañana ¿qué ocurre con la tarde? ¿y con los fines de semana?
Pues efectivamente no hay mucha diferencia, continúan teniendo las mismas preguntas y las mismas necesidades de respuesta y control. Esto no significa que tu hijo necesite conocer al milímetro lo que haréis a lo largo del día, simplemente necesita una orientación mínima. Si es posible lo prefieren por escrito (les proporciona más seguridad verlo y poder repasarlo) pero, de no ser posible, siempre será mejor verbalizarlo que dejarlo pasar por alto.

No he hecho esto nunca, ¿cómo puedo ofrecerle esa seguridad?
Es normal que, al menos al principio, nos veamos torpes o ridículos a pesar de la buena intención. Por eso, os proponemos alguna estrategia para que ayudéis a crear seguridad a vuestros hijos, favorecerles una mejor gestión emocional y, a la vez, conseguiremos para nosotros mismos un mejor funcionamiento, sin tantas discusiones, castigos, mentiras y descontrol.  

¿Cómo podemos preparar un día cualquiera?, ¿un fin de semana?, en la práctica ¿qué puedo hacer para que se sienta más seguro?

- Asamblea de Buenos días (Duración: 10 minutos).
Sería genial poder sentarnos un poco a hablar tranquilamente juntos pero, entendemos que esto no siempre es posible. Basta entonces con hablar con él en el desayuno o mientras se viste. Le recuerdo eso positivo que ocurrió ayer, la actividad tan divertida que tendrá esta tarde (por muy pequeña que parezca) o le apoyo con auto instrucciones como Hoy va ser un día genial, me apetece muchísimo pasarlo juntos. Recuerda que la actitud lo es todo y que, el mero hecho de verte sonreír, que le dediques unos minutos o que empatizas con él ya es un punto de partida perfecto para un nuevo día.

- Planificación (Duración: 10 minutos).
Utilizo la pizarra de su habitación o la que tengo en la cocina para apuntar la compra. Un trozo de cartulina o incluso un papel podría ser suficiente.
¿Qué es lo que tengo que escribir? Lo que vosotros ya tenéis previsto hacer. No se trata de planificar más de lo necesario, cambiar rutinas o agobiarse con planes. Tampoco importa demasiado que aparezcan tiempos muertos o cambios de planes a lo largo de la jornada. El objetivo no es preparar a nuestro hijo una agenda ajustada e infalible sino informarle. Simplemente cuéntale, más o menos, lo que toca hoy. Explícale cada actividad y anticípale los posibles cambios, dudas o explicaciones acerca de nuestro día.

Os mostramos un posible ejemplo:
  • Desayunamos y nos arreglamos.
  • Paseo por el monte.
  • Iremos un rato al parque.
  • Comida en casa de Luis.
  • Recados, si nos dan tiempo.
  • Café con María y Pedro. Intentaremos ir a una cafetería con zona niños pero no sabemos si habrá en la zona.

- Asamblea final (Duración: 10 minutos).
Llega la hora de dormir. Se asea y acuesta solito.
Me arrimo a su lado y, antes del cuento de buenas noches, le pregunto:
  • ¿Cómo te has sentido hoy?
  • ¿Qué crees que podrías o podríamos mejorar del día?
  • ¿Qué es lo mejor que te ha pasado hoy?
  • Del 0 al 10 (siendo 0 horrible y 10 hiper feliz), ¿con qué número definirías tu sentimiento del día? (ver termómetro emocional en la página 56 del libro).
  • Le cuento que ha sido lo más especial de mi día.

Leemos el cuento y a dormir...

4 comentarios:

  1. Me encatnta la propuesta! Lo voy a intentar..

    No sé si se admiten preguntas pero.. tenemos un drama cada vez que mi hija tiene médico. Le toca en unos días? es la misma idea? le explico como va a ser el día como si de uno normal se tratase? hay que hacer algo diferente?

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  2. Muchas gracias! Por supuesto que admitimos preguntas.. y también críticas, opciones, sugerencias.. lo que os plazca será más que bienvenido!

    Nos toca preparar la entrada de esta semana así que reocgemos el guante y pensamos sobre la sugerencia.

    Gracias y buen domingo!

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    1. hola he leido un poco del final y yo lo que hago es algunos dias hacer el diario emocional y me alluda a analizar mi estado y a relajarme un saludo ;)

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